En Batlle & Seoane hemos conseguido una sentencia especialmente importante en un caso de herencia complejo, donde lo que estaba en juego era mucho más que una cuestión jurídica: era el respeto a los acuerdos familiares de toda una vida.
Defendíamos a dos hermanos que, desde el fallecimiento de sus padres, habían respetado el reparto de los bienes que ambos progenitores habían previsto y que todos los hijos habían aceptado sin discusión durante décadas. Sin embargo, con el paso de los años, otro heredero trató de reabrir ese reparto, alegando que ciertos bienes no debían considerarse gananciales y que debía aplicarse un testamento posterior que le beneficiaba.
El juzgado nos da la razón: los bienes discutidos eran gananciales y la herencia del padre ya se había repartido correctamente. La resolución confirma que existió una partición válida, aunque no se hiciera por escrito ni ante notario en su momento.
Aquí es importante explicar algo que muchas personas desconocen: la herencia puede quedar repartida de forma válida aunque no haya escritura notarial, si todos los herederos actúan de forma coherente con ese reparto. Por ejemplo, si cada uno se hace cargo de su parte, paga impuestos, registra los bienes a su nombre o los vende, se entiende que aceptaron y ejecutaron la partición. A esto se le llama partición tácita por actos concluyentes.
En este caso, nuestros clientes y sus hermanos habían actuado así durante más de treinta años. Por eso, el juzgado obliga ahora a formalizar esa partición documentalmente, para que se inscriba y quede todo en regla.
Una resolución que hace justicia, respeta la voluntad original de los padres y pone fin a un conflicto largo y doloroso.